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TRANSFIGURACIÓN INSACIABLE EN LA NOCHE DEL SIGNO



Mateo, 17:9
a mi madre, Olga Lozano Gombault de Lozano

Afuera no se detienen los que vinieron.
La mueca cerval
fíngese en regocijo sobre el barro
tristísimo de las guitarras.

(Esta noche empieza a raspar su pocilga de diluvios,
la misma que sopla en la espuma.)

Letra borrada por un bosque de calaveras.
¿A qué la humillación de quienes elegí,
pero duermen?
¿A qué la voz intolerable y sin vértigo
desde la nube?

(Tras el incendio,
el instinto del agua rondaría las bocas.)

Fue el soliloquio de la soledad
-como una mordedura de serpiente-
quien conviertiera las mudanzas, las úlceras
y el cautiverio.

(Subyugan las jerarquías; apenas en suspenso involuntario
tus potestades.)

Perennes las trampas de este lado
recolectan la falsía de los emperadores.
¿Sanguinolentas ruinas
aferradas a los últimos pueblos?

(Vigilia en la hierba. Vigilia en el polen.
Vigilia en el delirio encubierto de mi luz.)

Ninguno alcanzó el ala del carromato de ciegos.
Las raposas hedían
tragando la opípara cena del principio.
"Prendedme, raposas,
criaturas tan amadas de la viña en flor."

Se detienen ahora los que vinieron.

Manuel Lozano
París, 2009

 

"La Transfiguración", de Gustave Doré

 

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