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MAX AUB



No tengo derecho a callar lo que vi para escribir lo que imagino - (Diarios, 1939-1972)

 

Abundosa tristura no amansaba
en cruz el palacio
donde dieras la bienvenida al hechicero de las sierpes,
donde vieras el desconsuelo untado
por aceites de la perdida espera,
donde el trono de la herida
iba arrojando sin piedad su luz imperdonable.

La decapitación soñaba un cuello de zafiros:
era tu madre.
Como sumo sacerdote te acercabas
a la respiración del hambre que saquea
y anuncia -vigilante- la bruñida pared,
de lejos, la última lluvia de sangre en el tapiz.

Viéndote llorar, alteza de los ingenuos,
¿cómo podrás gozarte en el ánima sustentadora
que ya muestra la veneración del deleite?
Jamás bastó buscar pepitas de ígneo celofán
entre esos recovecos.
El jardín te prometía
el infierno más áspero y rabioso
aun en medio de los rieles de tu insomnio.
¡Oh ánima amadora en el origen del fuego celeste!

Manuel Lozano
Marruecos, 1998

 

"Dedicatoria de Max Aub a Margarita Xirgu" - (1931)

 

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