El hueso en el festín,
el primero y el último
reflejado a sí mismo en el fondo del muro
donde surgen los dedos
que escriben la cara del rey y su caída.
Mane, Thecel, Phares
¿Y todavía hundes ese cucharón-remo gigante
como el pescador de perlas
en el ocio de la noche imprevista?
Mane, Thecel, Phares
El hueso en el festín.
Hundes el cucharón hasta la carcajada
de la mandrágora
donde arteria y río se disuelven.
Mane, Thecel, Phares
Entonces vi la careta.
Y devoré sus membranas, fidelísimo, impío,
como si fuera yo mismo
el rojo hueso flotando entre las olas.
Manuel Lozano
París, 2009
Nota al poema:
Baltasar, rey, hijo de Nabucodonosor, celebra un festín acompañado de mil de sus príncipes. Borracho, ordena que se sirva más vino en las copas del templo de Jerusalén, que su padre había conseguido como botín. Al instante, aparecen los dedos de una mano que empieza a escribir sobre el muro tres misteriosas palabras: Mane, Thecel, Phares, de significado absolutamente extraño para los sabios, que son requeridos por el rey para interpretarlas. La reina reclama la presencia de Daniel, el profeta que supuestamente ha sobrevivido a demasiados reinos, que además de amonestar con severidad a Baltasar, le explica el significado de las tres palabras. Se trata de las predicciones de la caída del rey. Mane significa que Dios ha puesto fin a su reino; thecel, que su peso en la balanza no ha alcanzado el requerido; y phares, que el reino se ha dividido y se entrega a medos y persas.
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Manuel Lozano, por Dominique Destraud |