Voy a volver a tu intemperie
madrugadora
en medio del fervor incandescente
que proclama la música
de mandíbula en mandíbula.
21 de enero. Quiere la conversación
sumergirse
en la tierra donde las raíces
abren bocas desesperantes
aulladoras
protectoras
compadecientes
para el nunca exilio del espejo.
La annélida respira columnas.
El basalto
en hondonadas
tendrá que someterse
al mármol
de la interrogación:
géiser, hueso,
también soplo.
Desbordan los manteles de sangre.
Taza de té,
150 años en el instante de mi restauración
te llaman con escalofrío
sin cesar
como el helicoide de brazos abiertos
en fondo vidriado de la diosa.
Peonía azul.
Mi mano escribe tu porvenir
con una navaja.
Querida antropófaga,
¿nunca el horizonte
fingiría
su alto mar
para reclinarse ante la seda
del crimen?
Ven hacia aquí
desprendiendo cadalso
profetizando ventanas
la puerta de toda maravilla
la puerta sin cicatrices
la cubierta de ojos
la pródiga en el juego
la resplandesciente oculta
la que cabe en la gota de salitre
la puerta que ya nadie puede cerrar.
Manuel Lozano
Boston, 2005
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"Retrato de Marianne Moore y su biblioteca" (1948) |