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LOS PUENTES O LA QUE IZA LAS VOCES PARA SANGRAR


Para Elba Gianfelici, por la amistad que nos dimos,
por el amor a la literatura, por ser tan vos,
por las conversaciones que siguen

 

Alguien no puede dejar, no se deja rendir por un ejército de lobos. Alguien suplica verdad (casi como murmurando, con la firme oscilación que da siempre el balbuceo), aun dentro de las cáscaras del sueño que ríe. Un mármol verde resplande a tu lado, bordea las fachadas y las calles, se adentra en el iris perplejo.

Todo es un verde aquí. A estos frutos no los alcanza ninguna noche glacial.

-¿Piel del sueño?- me dices-. No hay pieles del sueño ni siquiera de la muerte. Son parodias de la omnipotencia de los hombres.

-¿Y la piel del día permanente sin noche donde nos escribimos, donde cada uno vive y desvívese escribiendo? –pregunto-. Entras en la fiesta interior. Te pruebas el fuego. Te pruebas el viento. Te pruebas el asombro. Te pruebas la misericordia, los tenues racimos.

Aquellos murmullos del bosque crecen en abiertos brazos. ¿Qué Diótima, virgen velada, reza por el vacío de los otros? Escuchamos a Hölderlin en el feral intersticio:

Olviden a sus amigos,
búrlense de un artista,
denigren, rebajen a un alma profunda.
Dios se los perdonará.
Pero nunca turben la raíz de los que se aman.

Viajadora insistente por los mapas del lenguaje, acaricias una turmalina que graba a cada instante tu nombre, el disfraz de angustias o el gozoso deseo de correr por la pampa hasta vaciarse los ojos.

Las nombradías del trono gritan, quemando, arrojan las jabalinas de la demolición. Terrazas. Los huesos del día contestan con su escalofrío. "¿Qué lujo no me quitaste, tiempo? ¿Por qué me arranco y me separo casi hasta desprenderme?"

Todo es tu cielo y los infiernos que en el cielo caben, como soñara aquel Lope con el fervor abundoso del canto de los ruiseñores por las soledades de Castilla.

Cuando voy a estos puentes, desaparece la carcoma. Voy a los puentes y me izo con la piel en carne viva. Fuego lustral: yo te conozco, yo te bebo, te deshabito y habito.

Miras de nuevo hacia los vidrios de esa ventana que trae los aires calientes del verano principiador. “Eso es todo y las palabras germinan sobre los reinos del mundo”, dices riéndote a carcajadas del final; y abres la puerta para que yo despierte.

 

Manuel Lozano
Buenos Aires, 2011

Retrato de Elba Gianfelici, Directora de la Escuela Normal, prof. de literatura argentina, amiga: Maestra.

 

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