Amabilísima y reparadora de profanaciones,
¿cuál es tu idioma singular
que habló Jerónimo en la atroz madriguera
y se partieron las rocas?
Enséñame tu abecedario sediento, acervado,
tan reverberante,
para ofrendarlo a los pobres
y a los huérfanos de Espíritu.
Muéstrame el iris de tu ojo de lirios.
Acércame aún más a la holgura teúrgica
que se reconoce desierto
desdoblándose en oasis.
Fulgura, irrevocable, en la casa del ruín.
Prodígame la paciencia que incendia.
Sacíame del temblor del sol
que puede llover en el centro
de un diamante.
Rocía sobre mi cabeza
todo fuego celeste.
Te he visto flotando entre las aguas,
convirtiendo tu manto cobre y amarillo
en balsa para el desesperado.
Coronada sin fin hasta el fin de los siglos,
y aun después
en cada futuro de tu eternidad,
llevabas un niño en tus brazosy una estrella blanca:
abierta como un corazón humano
que está alcanzando ya la otra orilla.
Manuel Lozano
-dedicado a todos los amigos cubanos en el IV Centenario de la advocación-
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"Virgen de la Caridad" - (obra del artista cubano Francisco Montesinos" |