Nunca más dulcedumbre verían mis ojos, las manos tocarían,
si no besara al hombre agusanado entre raíces
como enroscada serpiente
en el pozo de las maldiciones.
Nunca más dulcedumbre en los patios del lobo,
en las cuevas de raposa,
en la tormenta bajando por su rayo
a esta tierra hermana que gime
con lamento de garganta tajeada
por los que están y los que fueron.
¿Eres el príncipe carcomido por la peste,
tal vez el personaje de tan antigua fábula
y enamorado sin fin de las caléndulas?
Quisiste un altar en tu herejía.
¿Un áncora de perdición en la nostalgia
de un áspero sendero?
Por eso hablé tu idioma
que llega del relámpago mezclado con el mar.
-Vuela ahora de fiebre -dice la campesina
mientras aleja de ese cuerpo su mano enguantada.
Manuel Lozano
Asís, 2007
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"San Francisco conversa con los animales" - (Foto colección de Manuel Lozano) |