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PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE DE HEINSELBERG


Era una gran fiesta, divertida en cada una de sus partes.
Marion Davies, The times we had

 

Danzabas con papeles extraviados del cuerpo a otro cuerpo,
en gracia de su andar,
sometido
a las persuasiones de Friné -la sacrílega que inventa un dios
y se lo come-.


Aurora tatuaje, ¿quién hubo de cruzarte en una pleiade de espejos?
Madurez de la luz cartesiana
describiendo el teatro de la menos soledad
en el día del siglo.


Corazón oscuro de una mancha solar,
¿qué encadenamiento, a solas,
de un rayo de álgebra que indago?
Que resurja.


Asistí a mi propio nacimiento
con un ramillete de asombro debajo de la piel.
Ahora invento un dios.
Imanto su percepción hasta arrancarlo de raíz?


Habrías desertado con una memoria
derritiéndose en piedra.
Más acá del vaho de espesuras,
el sacrificio
habría desertado también
para ser aroma de una rosa con letras.


¿Celebraste la amanaza aurora en el Jardín de Delicias?
¿Soltaste universo?
Lacustre, índigo y arena:
visible suceder del agua cóncava.
Cicatrices en las manos de Arthur Shopenhauer.


(El rastrear una hoguera
como en la profecía de una linterna mágica,
regresaba con su cuna del origen.)


(El agua salta
en nombre de todos
y con todos sus ahogados.)


(El tenue resplandor aguarda el grito, ¡el grito!,
pero la sanguinaria casa ya sumergió las raíces, la osamenta.)


Decías:
son las palabras que quiero urgentes
para romper el circuito feroz de domesticación
en la ultramar de conciencias.


Decías:
¿qué Cristo resucitador (hiperbólico pero ensimismado)
has de invocar,
reanimando antiguas figuras inertes de los diccionarios?


Camaleónica mutación.
Entre los muelles se hizo abeja la orquídea,
la orquídea cristalizó en obsidiana
y este ocelotl alimenta a sus crías.


Manuel Lozano
París, 2009

 

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