No ilumina este sol bajo el costado del cenit.
Ya ha llegado el crepúsculo
y debo regresar con mi caballete, mis telas,
y mis pomos del delirio,
por las bajas colinas
y hasta la única casa que me alberga:
atareadas ventanas, ladrillos de la disolución.
¿Cuándo lo conocí,
cuando me dijo que la esperanza y el sueño
eran compensaciones
para la trístida vida de los mortales?
Estremece el agua que olvido.
El céfiro muerde las últimas escamas del roble.
Te describía jardines.
El mío es pequeño y caótico, pero reverberante.
Allí hundimos nuestros pies teúrgicos
como raíces,
como alas invisibles doradas por el tiempo.
¿Qué brisa arrastraría las flores silvestres,
corales y amarillas, blanquísimas también,
hacia donde no sé, no debo saber?
Tu terciopelo azul intimidaba,
tu gorra de dormir nadaba entre planetas y órbitas
que sospechaste sabiamente
debajo de un cairel y en medio de la fiesta.
Ah, la fiesta interminable de los reinos del mundo,
los traidores bajo el brocado, los diamantes en ascuas
como una pleamar!
La humanidad cimbrea fascinante sobre el Jónico.
Allí empieza el logos que se observa -espectral-
en viejas pesadillas al vacío.
¿El céfiro irrita como un dios ocultado?
-Sí- me decías, sarcástico pero leve,
entre los matorrales lujosos de Ferney.
-¿La vida es un dolor o, apenas, el templo derruido
donde todos los dioses tienen cabida? -te murmuraba
casi exultante como si profanase
un conocimiento secreto.
Labraste en carcajadas
un templo profano para todos los dioses,
sólo porque entre carcajadas se vislumbra el llanto.
(Océano morado de Homero, aguas y dados de Heráclito -el efesio-,
llovizna incalculable,
entrega a mis ojos aquella rosa en Nishapur
sin comienzo ni final, tal como el vuelo de un águila.)
Voltaire querido,
François-Marie Arouet en alguno de tus espejos,
estás en la leyenda que me contó mi padre,
que le contó su abuelo
que vino desde Génova,
y que yo, ahora, empobrecido Jean Huber,
trato de ennoblecer con óleos plateados y amarillos y musgos,
para que el mundo se salve.
¿Acaso no me enseñabas que el arte
es el único rostro sublime de esta raza?
Manuel Lozano
París, junio de 2011
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"Voltaire", por Jean Huber - (Foto colección de Manuel Lozano) |