Vuelven los vestigios que mi boca dejó.
El corazón del insomnio ofrece sus basílicas
en la feria del remate.
Relámpago en el día del siglo.
La mudez voluptuosa de los muertos
va creciendo dentro de la caja
hasta límites inenarrables.
La mudez voluptuosa
dona tambores de cera despiadados
para el otro silencio.
Retuerce e incendia con terror
el desvarío de las sábanas
apolilladas de abuelas
cuyo rostro dulcificara el ácido lila
de una anamorfosis.
Vuelve lo que despediste,
regresan con los hilos fosforecidos
bajo las lunas de África.
¿Dónde los telares del dolor?
¿Y las tinturas rojas y el mordiente amarillo
en la capa del rey?
Aquí están los trapos de tu larga sombra posesa.
África del grito unánime y feral,
me fructificas detrás de los vidrios.
Mi boca de araña escupe las babas (que ya son hilos),
incandesciéndome.
¿Y por dónde vuelven a su tribu?
Las ruecas son ruedas dentadas
estallando apenas el gesto de la intercesora.
El llanto nunca se asemeja tanto al llanto
en estas circunvoluciones de lana ebria.
Con esas lanas tejo una lágrima:
la solísima, la atroz, la renacida.
Mi boca de araña se deshace
porque despierto en mi infierno
para que entres.
Manuel Lozano
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"Catalina de Alejandría" - (Foto de Estuardo López, Guatemala, 2011) |