Hasta los jardines se irisan a tu paso herido del alba.
¿Desde qué principio anterior al principio
decías universo
y estallaban las columnas?
Con solo decir aroma
retornaban los cuerpos del naufragio,
todos los pálidos huéspedes,
todos los inhálitos,
toda la fauna del diluvio,
todos los mármoles,
todas las deslumbrantes, fatigadas cúpulas
que no verías sino en pesadillas.
Ya no hay recuerdos ni hastío.
Las paredes son pájaros debajo del cedro.
Allí bebería yo el agua de esponsales.
Porque en Bethlém abren las puertas.
El pan estruja la sangre cayendo de la antorcha.
¡Hasta el río bebe de su sangre!
Porque en Bethlém abren las puertas
donde la anunciación sopla.
Manuel Lozano
París, 2009
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Manuel Lozano, fotografiado por Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo |