Llega el persistente mar sin limosna en la palabra. Entra en la sangre sin disminuir su racha de antigua deidad exiliada en el país de las mutilaciones. El ícono cuelga de la mano temblorosa de Ahmad Ghazali.
Aquel infatuado arrea su soledad con el áspero canto de las ciénagas, pero las ciénagas hierven en la pupila irresoluble de los profanadores. Un instante es todo el orbe. ¿Cómo pudiste entropillar el irisante amor de tus genealogías? ¿A qué amar el amor de tus genealogías que, en una tarde del recuerdo, son gotas de lluvia?
Te dí la muerte más vívida en el círculo hereje de una blasfemia. ¡Cómo lamías de tu sangre fluyendo del estigma! Pude ser Iscariote, pero toleré hasta el fin los arrebatos y las humillaciones de la Secta Exornadora del Asedio.
Manuel Lozano
Praga-Budapest, 2009
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Gonzalo Rojas -Premio Cervantes- con Manuel Lozano - (Foto: gentileza de la Embajada de Chile en Argentina) |