Me retraigo en mi morada.
¿Qué gesto inenarrable se declara poseso
en la burbuja numerosa (se deja frotar)
para tender la herida animal hasta sus semejantes?
Me pronuncio en mi morada.
Acabo con el no bajo las formas, arrojo el atavío,
encarno las espadas reversibles de la demencia.
Me enarbolo en mi morada.
¿Quién retrocede mirándose, grávida pregunta,
perseverándome hacia el extremo de la voz
que cava en las arterias?
Me niego en mi morada.
Es necesario que mengüe para que Él crezca
entre los páramos, en el mar,
en todo aliento de criatura que se arrastra.
Me ilumino en mi morada.
Nazco de nuevo en la tormenta
para salir a tu encuentro.
Manuel Lozano
 |
"Mandala zen" - (Foto colección de Manuel Lozano, 2012) |