La huida vuelve cuando todos callan.
Llega en cada Getsemaní
hecho pájaro de sangre, magnífica ceniza,
por la lava primordial de las esfinges.
¿Que mirifica esta trompeta
con los reinos del tiempo, sus fósiles?
Sal de oro encontrabas
en altares y en conventículos,
hasta en las semillas de mi cartografía
adiestrándose al torbellino aúreo.
¿A qué potencias maldice
exhalando lenguaje en cada objeto de conocimiento?
Vomitabas la juventud
con un ardor de espejo oscuro -sacrificial despojado-
a viva voz en manantiales.
Colgaba de las vestiduras
el luto larguísimo de las lamentantes.
El adversario era el viento.
¿Con qué sequedad hierven mis entrañas,
noche y día,
desde el rojo vientre de la madre?
(La Gorgona se parte en dos.)
En ese entonces tu corazón nacía de la espina:
iba detrás de los ojos.
Ahora se borran los surcos.
La piel destella a través de la sombra
y sin embargo hay algo que lastima,
que ronda y estrangula.
¡Ríete al fin en la sustancia!
Y sin embargo lo que cabalga
se derrite en mí.
Manuel Lozano
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Foto colección de Manuel Lozano, 2012 |