Sube desde la raíz, acrisola un diamante derretido
que pregunta con la savia
hasta arrojar felicidad entre los oficiantes.
Se derrama y cubre a mis criaturas resurrectas.
Ayer clavaban los puñales en los vestigios
para atemorizar a los sátiros.
Hoy cicatrizan las llagas que simulan lentejuelas
-mudas y mudables-
en el vestíbulo liberado de la imaginación.
Ateneo de Náucratis supo amarlas en la noche del bosque.
Les preparó una fogata memorable
como un rostro de Vermeer,
como la sangre tajeada en los ojos del cachorro
que nunca despierta.
Manuel Lozano
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"Pan y hamadríade en un mosaico pompeyano" - (Foto colección de Manuel Lozano) |