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JAZMINES DE LA TIERRA

a Estela Raval

 

Hasta entonces la soledad no es el saldo,
sino un fulgor dentelleante que crece en las tormentas,
con cada prodigio,
como el sorbo de un castigo verde esmeralda.
Encendidos los ojos y las manos que cantaban con tu voz,
que abrían para siempre la hoguera del insomnio.
Ahora se levantan -como la piedra de Lázaro-,
alzan vuelo, lloran también.
Dondequiera que fueses,
era tu corazón el que pintaba con rouge oculto
en esos largos espejos los filtros de la lastimadura.
Sabías del vértigo insaciable de la herida.
De nuevo queda la remota, la ebria, la vida
alumbrada entre aplausos y ternura.
Ya el mundo se despliega como el tapiz
de una fábula errante
y es música la última palabra que nos dices.

Jazmines de la tierra, jazmines claros,
jazmines de sangre,
se abren a tu encuentro
para que sólo entres
a la Casa de Toda Maravilla.

 

Manuel Lozano

"Estela Raval, tapa de su último trabajo discográfico"

 

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