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EDUARDO JONQUIÈRES

 

 

De jardín en jardín, de memoria en memoria,
de mar en mar.
La voz ahogada de la muerte
no me impide reconocer el aullido.
Traspasada la puerta,
la visión se ilumina con caireles falsos.
Veo un retrato de Marie Laurencin en las paredes,
veo el golfo de Rapperswill,
veo el ballet Parade, de Erik Satie,
como si acabaran de representarlo.
Veo el último latido de amor de Elizabeth Barret Browning,
el último llamado,
veo helechos, magnolias, fotos de infancia,
las manos que se abrían como ojos para darme ternura.
Veo la hipócrita caridad de las iglesias
(que se hunden en la visión como tablones corroídos
por las ratas),
veo en París a Judy Garland cantando April showers,
veo la azucena de Blake, cuya creación es trabajo de siglos
(la imagino azucena aunque Blake no escribiera sobre azucenas),
veo un guante azul, una escalera verde, resíduos de un ágape
en la mansión innominada,
los manuscritos de El heresiarca y cia.,
un arcoiris que tiembla,
embriones flotando en un río de sangre.
¿Qué filogenias unen los jirones de la memoria?
La danza nupcial de los flamencos
empieza debajo de esta tumba.

 

 

MANUEL LOZANO
París, 2009-Toledo, 2012

"Retrato de Judy Garland" - (Foto de Milton Greene, 1963)

 

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