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PLOTINO EN LICÓPOLIS

 

 

Aún la amenaza se cierne sobre los patios, sobre las paredes, sobre los corredores
de mármol de Anatolia.
Se yergue antes de marcharse en gestos oscuros,
sordos en la pelambre de un gato escondido entre ánforas griegas.
El umbrío jardín se aparta de la imaginación.
¿No serán sombras también
estas dos hipóstasis que comen y beben de mi sangre?
¡Si algún modo se entendiese también en un abrazo!
¡El reposo de la medianoche, las manos temblorosas del abuelo,
el desierto entrando por los ojos,
la errante pasajera frente a las islas de coral,
Tiresias niño, Tiresias vidente, Tiresias funerario!
Esas cosas veías como pergaminos encristalándose.
La servidumbre tocaba los tambores.
¿Quién más aplaude en esta farsa llamada realidad,
llamada amor, llamada mundo?
Te apretabas la memoria como un jacinto
contra tu pecho.
¿Habría que correr por estas callejuelas inmundas?
Porfirio, mi discípulo, mi amigo, sonreirá
-como los que sonríen para no morir-,
diciéndome bajo un olivo desesperante:
-Tienes lepra.

 

Manuel Lozano

"Plotino" - (Museo Ostiense, Roma)

 

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