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BANQUETE DE DIOTIMA EN EL PIÉLAGO DE CENIZAS

 

 

Fue en el vasto patio de penumbras donde reconocí la perfección del rayo.
Una noche abandoné el ritual de habitarme
para creer en los dioses que cantan como humanos,
que deshacen mundos y arden, arden para siempre
en los cimientos de la lluvia.
Una palabra puede desorbitarse, saturarme en sangre,
coronarse por todos
en el imperio hundido que te aguarda.
Es una inmensa ciudadela poblándose en zoológicos y catedrales,
tanteando las selvas derretidas,
los icebergs en círculos de suicidio y titubeo,
las crecidas del mar, ávidamente gastadas por la luna.
Desde la infancia me llamó la claridad,
esa lengua de puñales o de látigos
con verbos de diamantes para transverberar en colibrí,
tigre o antílope de su rebaño.
Oyes la mirada de la bienvenida.
El nombre vuelve a multiplicarse como rugido
en el viento de los cenotafios.
¡Cómo miré fijamente lo efímero
siendo prueba de mi larga perduración en la memoria!
No es el ardor el que muere.
Sube en espirales.
No es el amor el que cava.
Lima tinieblas como si dijera
"este es el término", "prohibido traspasar la le
del reino que te sobrevive".
Quisimos un silencio, pero la jungla aúlla.
Amalgamamos la lucidez y el frío
en las viejas alcantarillas del lenguaje.
Si la sed no transformara el sol que te enceguece,
¿cómo beberías del relámpago
sometiéndote a sus dones?
Anticipé la música que late en el vacío infinito,
demente, pulverizado contra las rocas.
¿Concluye el mundo cuando cierro mi iris?
No corrompo la orfandad.
Bendigo el vapor de las fuentes, el fuego en las hornallas,
el secreto intempestivo y caníbal de las vísceras.
Antiguamente exhalaba el perfume de un veneno
en las orillas de la isla.
Era diosa y por mi lengua chorreaban los exilios del oráculo.
Me llamaban los golpes de tambor
como en cruel espejo de una pesadilla.
¿Por qué soy la invitada?
¿Por qué soy la dilecta de Sócrates y Erixímaco y Agatón
y debo disentir y afirmar en este ágape de cenizas
sobre las máscaras,
sobre los rostros intensos de la locura?

 

Manuel Lozano

"Diotima de Mantinea" - (Foto colección de Manuel Lozano)

 

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