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TRANSVERBERADA CERTIDUMBRE DE TU DESNUDEZ

 

 ¡Oh vida, vida! ¿Cómo puedes sustentarte estando ausente de tu vida?
Teresa de Ávila, Exclamaciones

 

Un árbol de fuego, nunca interrumpido, hace en nuestros ojos
la verdad,
ese infinito de agua que viene desde nunca.
El alba no puede ser otra cosa
que la sal presentida derramándose en tu pecho.
¿Cuándo empieza el filo de diamantes
a hendir sobre la inocencia de la piel
tanta hoja caída?
Eres la usina que produce el arcoiris
hasta la exaltación donde te ocultas,
quiero decir que merodeas por los rincones levísimos
de la orfandad y del crimen,
callándote en un grito
de todo cuanto odiamos de este mundo. 
¿Cuándo empiezo a nacer
de nuevo en tus orillas, en este amor deslumbrado
por el sol de un bosque sonoro?
Penumbrosa es el álgebra que te resguarda.
Entiérrala bajo tu corazón:
palabra tras palabra tras palabra
debe hundirse en el confuso carnaval de los días.
Ayer golpeé la puerta de marfil de tu piel.
Quemó mis manos
con la urgencia del temblor, con la urgencia
de una caléndula en los sueños.
Quiero encontrarte hacia ningún sitio
que es todos los lugares donde buscas
la irremediable disolución del instante.
No insistas, no está ahí,
ni siquiera digas su nombre.
¿Cómo pudiste llegar a derramarte, cal viva,
en la estridencia de los archipiélagos que chocan?
Ahora vuelo contigo hacia lo alto profundo
Soy sólo llagas en tu herida, amor mío,
para que la vida se ilumine.
¿No ves cómo se tatúan las paredes de esta casa?
Cada segundo es un siglo
cuando tu corazón respira ardiente transparencia
entre mis brazos.
También hay lluvias en la brújula de tu ternura.
Come de esta vida, vida mía.
Enceguécete del mundo -sin descanso-
porque toda muerte será despiadada.

 

Manuel Lozano

 

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