LA CANÍBAL
(Nunca el retrato fingirá la forma)
 
Los hombres no son más que un montón de muertos que están vivos,
engendrados por otros vivos que ya están muertos.
 
                          Abu-Nuwas
 
 
  A Paulina Fain y Exequiel Mantega
 
Alta sede en el bosque:
sí, alta sede han construido para la que emigra
con monedas de bronce y con serpientes.
¿Te acercas aún más,
palpas el áspero vestido encarnándose debajo de esta piel?
¿Inútil el ojo de la espuma
que sube y sube en arcoiris negro?
Nunca el retrato fingirá la forma
de firme tempestad en el verano de tu raza.
De otra pesadilla hurgo el hambre, lejía o rosa
en la sonora soledad de las imantaciones.
¿Hasta dónde hundieron las zarpas?
¿Hasta aquí?
Mudanza de los vientos
corren en la sangre elemental de la criatura.
La indiferente cárcel te desteje
renovando la unción de agua lila.
Esa madre me buscaría en vano por velorios
con pequeñísimas borras de baldíos
desfondados cuando emerges
con el cuerpo tan blanco de Medea.
Ni centinelas ni alambres.
Aquí las esfinges son alimañas
bañándose en el ligero sudor de los charcos.
¿Y los perfumes impuros?
Agujas, lenguas repletas de agujas.
Criatura envilecida de belleza y horror,
no cierres nunca esta casa.
Son muchos ataúdes pugnando por entrar,
coronados de espinas,
arrancando los soles imprecisos de tu juventud.
¡Cuántos siglos para este nacimiento,
completando las piezas del tablero partido,
asemejándote al rayo que cae entre las dunas!
El crimen de las palabras hoy no asedia.
¿Quién podría maquillar una tumba
con pavesas de esplendor?
Las apariciones callan,
aunque sigas raspando y raspando en las miserias.
Aprietas el valeroso alfabeto de la sangre.
¿Y qué humo rojo guiará tu huida,
voz del que clama en el vacío?
Los carniceros sueñan con muñecas de trapo,
inventan iris de cenizas, pan de cenizas.
La caníbal, también.
¿Otra vez las apariciones?
Música sobre la aldea.
 
 
Manuel Lozano
Buenos Aires, noviembre de 2007
 
 
 
(Este texto inauguró la edición "El Oro de los Tigres-Comunicación de Autor-", correspondiente al 22-XI-2007. Pertenece a la serie "Piazzollianas", capítulo del libro Mansión Artaud de Manuel Lozano, siendo especialmente escrito para el primer movimiento del Concierto para bandoneón y orquesta -"Aconcagua"-, de Astor Piazzolla.)

 

 

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