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Alta sede en el
bosque:
sí, alta sede han
construido para la que emigra
con monedas de
bronce y con serpientes.
¿Te acercas aún
más,
palpas el áspero
vestido encarnándose debajo de esta piel?
¿Inútil el ojo de
la espuma
que sube y sube en
arcoiris negro?
Nunca el retrato
fingirá la forma
de firme tempestad
en el verano de tu raza.
De otra pesadilla
hurgo el hambre, lejía o rosa
en la sonora
soledad de las imantaciones.
¿Hasta dónde
hundieron las zarpas?
¿Hasta aquí?
Mudanza de los
vientos
corren en la
sangre elemental de la criatura.
La indiferente
cárcel te desteje
renovando la
unción de agua lila.
Esa madre me
buscaría en vano por velorios
con pequeñísimas
borras de baldíos
desfondados cuando
emerges
con el cuerpo tan
blanco de Medea.
Ni centinelas ni
alambres.
Aquí las esfinges
son alimañas
bañándose en el
ligero sudor de los charcos.
¿Y los perfumes
impuros?
Agujas, lenguas
repletas de agujas.
Criatura
envilecida de belleza y horror,
no cierres nunca
esta casa.
Son muchos ataúdes
pugnando por entrar,
coronados de
espinas,
arrancando los
soles imprecisos de tu juventud.
¡Cuántos siglos
para este nacimiento,
completando las
piezas del tablero partido,
asemejándote al
rayo que cae entre las dunas!
El crimen de las
palabras hoy no asedia.
¿Quién podría
maquillar una tumba
con pavesas de
esplendor?
Las apariciones
callan,
aunque sigas
raspando y raspando en las miserias.
Aprietas el
valeroso alfabeto de la sangre.
¿Y qué humo rojo
guiará tu huida,
voz del que clama
en el vacío?
Los carniceros
sueñan con muñecas de trapo,
inventan iris de
cenizas, pan de cenizas.
La caníbal,
también.
¿Otra vez las
apariciones?
Música sobre la
aldea.
Manuel
Lozano
Buenos Aires,
noviembre de 2007
(Este texto
inauguró la edición "El Oro de los Tigres-Comunicación de
Autor-", correspondiente al 22-XI-2007. Pertenece a la serie "Piazzollianas", capítulo del
libro Mansión Artaud de Manuel Lozano, siendo especialmente
escrito para el primer movimiento del Concierto para bandoneón
y orquesta -"Aconcagua"-, de Astor Piazzolla.)
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