LA FIESTA

Párate y celebra una gran fiesta

                                                   en medio del desierto.

 

                                             Friedrich Nietzsche, Humano demasiado humano

 

                                                          Para Gonzalo Rojas

 

Si era terrible su presencia como un sol en la aurora,

sencillamente implacable desde la lejanía,

qué ardiente predestinación no nos enfrenta

a vida prometida en esta adversidad de suburbio.

 

 

Una flor amarilla, simiente de un futuro imprevisto,

perece en la tierra acobardada.

Un secreto fue dispuesto en la luz del arrequive.

Dudoso y entrañable,

¡me igualo a la muerte como al sueño rojizo

de tus lámparas de vidrio subiendo y subiendo!

 

 

¿Adónde el camino ya usurpado desde el principio

en que el cataclismo era un rumor?

En los declives arrincono la apoteosis.

Las piedras gesticulan, ubicuamente, perdición,

cansado alfabeto hacia la sangre.

 

 

Llueve infinito en la corteza.

Antes, un pájaro calcaba este cielo,

rubricaba el final sobre la selva esplendente.

El venerado lobo, los frutos inhallables,

los ropajes manchados interrogando al goce sus cenizas,

las ofrendas visibles

y todo el aullido a condición de caer,

fermentan entre las inscripciones.

 

 

Junto al coro de deshabitados me dispuse

a cantar hasta el fondo.

No llegué, por estas muchedumbres, a la puerta injuriosa           

con los puños cerrados.

¿Hasta aquí cicatrizan los harapos del nunca?

La ciudad se abría como un dios o una cárcel

para mí mismo y la sombra.

 

 

Manuel Lozano

París, julio de 2007

 

 

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