VA ENFRIÁNDOSE EN ANDRAJOS
Pero la púrpura y el armiño lo ocultan todo.
Este usurero cubre con planchas de oro el crimen.
 
Shakespeare, King Lear
 
Para quienes fue y no fue en Stratford-upon-Avon
Tiembla el sueño en los candiles de otro sueño,
lóbrega lujuria: dorada savia.
¿No oías en tu siglo
la obediencia rota más promiscua?
Sea con nosotros un mínimo universo
de rabia y ceguedad
para sorber la tierra prometida
-a grandes tragos-
y navegar por sus mares color vino,
¡los de almizcle, los muy traidores!
 
 
 
Las pordioseras como ratones me huelen.
Nunca el amarre, nunca la embestida
palpables del verdugo o la fiebre.
Cada ungida es un monstruo.
El zahorí cava ponzoña en las dominaciones.
¿Pero temblaba tu sangre
según las rotaciones del águila nocturna?
Un pesebre de culebras
habrías de descarnar con aullido.
¿Pero regresas al teatro
de impura niebla, de palabra impura?
 
 
 
Admirable el crimen visto desde arriba.
Su aliento vierte brujería
hasta donde el centinela, el pequeño tambor
en tu costado izquierdo.
Sacrilegio y santuario
alertan con tono lluvioso la llegada
del anciano de los días.
¿Así habrías de alborotarte
con apestoso dolor de juglar bajo la almena?
 
 
 
Pasa el incomparable.
Pasan las putas.
Pasa el embustero con boca de arcilla.
Pasa una genealogía de huesos astillándose en el aire.
Pasa un oídor de ilusiones.
Pasa entre dos truenos antiguos
el portador de coronas.
Pasan los que alumbraron con piedad
la tierra lastimada.
 
 
 
Desde el Empíreo enfebrecido de memorias
y caliente de sal como quien arde de cenizas,
arrojaban al despreciable hartado de sí mismo
y de los hombres.
¿Qué buscaban menos tus ojos
cuando el vacío feral se llenó de Melek Taus?
 
 
 
Guardias y leones, ruinas y guirnaldas:
¡Es que ha muerto una niña!
 
 
 
Manuel Lozano

 

 

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